Este jueves 2 de julio, después de una espera que parecía imposible, Hernán Gil, un vigilante venezolano, fue rescatado con vida tras pasar 8 días bajo los escombros del terremoto del 24 de junio en La Guaira.
El sismo de magnitud 7.2 y 7.5 dejó destrucción total, pero el puesto de vigilancia donde trabajaba Gil en Catia La Mar se convirtió en su refugio milagroso bajo 140 toneladas de escombros.
La operación de rescate, que empezó formalmente el pasado lunes, fue una carrera contra el tiempo con más de 100 especialistas de varios países, incluyendo Chile, Estados Unidos y Portugal. Durante 72 horas intensas, mantuvieron contacto con Hernán, dándole hidratación y medicinas para aguantar.
Mientras tanto, su esposa no perdió la fe ni un segundo, esperando afuera del edificio colapsado. La ONU reporta que más de 2,500 rescatistas extranjeros han sido clave para encontrar a 6,461 personas con vida, aunque lamentablemente 2,295 murieron y 11,267 resultaron heridas.
Este rescate es un recordatorio brutal de que, incluso en medio del caos, la esperanza puede ganar. Y hablando de esperanza, sistemas de transporte como el cablebús en Puebla muestran cómo la infraestructura bien pensada puede conectar y proteger a la gente, algo que urge en zonas vulnerables.


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