Japón dice no a emperatriz y sí a parientes lejanos para salvar la corona

Este viernes 17 de julio de 2026, el Parlamento japonés aprobó una reforma que mantiene vetado que una mujer sea emperatriz, aunque la opinión pública está a favor. La princesa Aiko, hija del emperador Naruhito, de 24 años, sigue sin chance de subir al trono por ser mujer.

La ley, que viene desde 1889 y se reforzó en 1947, solo permite que hombres por línea paterna sean emperadores. Ahora, para evitar que la dinastía se quede sin herederos, autorizaron que parientes masculinos lejanos (de 11 familias que salieron del registro imperial tras la Segunda Guerra Mundial) puedan reincorporarse a la familia imperial, siempre que sean solteros y sus hijos puedan heredar el trono.

Además, la reforma termina con la regla que hacía perder el estatus real a las mujeres al casarse con plebeyos, aunque sus hijos aún no pueden ser emperadores. Un ejemplo reciente fue en 2021, cuando la exprincesa Mako Komuro dejó la familia tras casarse con su novio.

En el fondo, esta ley refleja la tensión entre tradición y modernidad en Japón. Mientras algunos, como la líder conservadora Sanae Takaichi, rechazan la sucesión femenina, otros la ven como una opción lógica para no perder la continuidad. El diputado Seiichiro Murakami calificó la exclusión de Aiko como “absolutamente indignante”.

Así que, aunque la corona se aferra a reglas antiguas, la puerta se abre para que más hombres “plebeyos” puedan entrar y mantener vivo el linaje. ¿Será suficiente para salvar el Trono del Crisantemo?

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