Ayer, el fiscal federal de Texas, Aaron Reitz, aclaró que Lorenzo Salgado, el migrante mexicano asesinado por agentes del ICE, no golpeó ningún vehículo policial antes de que le dispararan, como había dicho el gobierno de EU.
Según Reitz, los agentes estaban tras dos guatemaltecos en una camioneta parecida a la de Salgado, y no directamente tras él, lo que contradice el comunicado inicial del Departamento de Seguridad Nacional que lo señalaba como objetivo.
El fiscal explicó que cuatro policías rodearon la camioneta de Salgado; dos le pidieron que pusiera el auto en Parking, y uno estaba justo al lado cuando Salgado intentó mover el vehículo. Pero no hubo choque ni señales de que el agente temiera por su vida, como se había afirmado.
Además, ni la fiscalía ni el ICE han identificado al agente que disparó ni aclararon si era el que estaba junto a la camioneta.
En otro caso, se reveló que los agentes que mataron al migrante colombiano Joan Sebastián Guerrero en Biddeford sí llevaban cámaras corporales, pero estas no podían grabar video porque solo las usaban como micrófonos, debido a contratos con la empresa Axon, famosa por sus cámaras corporales.
Esto expone que la modernización del equipo del ICE, que prometía cámaras corporales para todos los arrestos, no ha llegado del todo. El ICE planea gastar más de 100 millones de dólares en radios inteligentes, pero la función de grabación de video sigue limitada.
Así que, mientras el gobierno estadounidense insiste en justificar estas acciones, la realidad muestra que la transparencia y el control en estas operaciones migratorias siguen siendo un pendiente.


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