Este jueves, Marco Rubio reunió a representantes de 66 países en Washington para lanzar la que ya llaman la “cumbre Antifa”, un encuentro donde el secretario de Estado puso el foco en un supuesto resurgimiento del terrorismo político de extrema izquierda.
Rubio no se anduvo con medias tintas: habló de una red transnacional de “militantes de Antifa” que viajan por Europa y América para coordinar ataques a infraestructura clave como oleoductos, ferrocarriles y redes eléctricas. Según él, estos grupos usan canales encriptados, casas de seguridad y financiamiento internacional, incluso con apoyo de estados hostiles.
Lo que más llamó la atención fue su crítica al “doble rasero” con que se trata la violencia de izquierda versus la ultraderecha. Para Rubio, mientras un ataque neonazi es condenado sin medias, uno de extrema izquierda se justifica como “exceso de idealismo”.
En la lista de países invitados están España, Canadá, Alemania, Argentina, Israel, Chile y Uruguay, pero no México ni Brasil. El nivel de representación varió: España mandó a dos consejeros de su embajada en Washington.
Además, esta cumbre llega justo después de que el Departamento de Estado abriera una convocatoria para dar hasta tres millones de dólares a grupos europeos que combatan la “censura” y promuevan vínculos con EE.UU., en línea con la agenda MAGA.
Entre los asistentes también estuvieron el director del FBI, Kash Patel, y el secretario del Tesoro, Scott Bessent. Stephen Miller, uno de los cerebros de la política dura de Trump en América Latina, reforzó la idea de que esta estrategia busca controlar la región y sus elecciones.
¿Y por qué solo la izquierda? El portavoz del Departamento de Estado dice que los grupos de derecha son “más sofisticados” y menos atendidos, pero que esta iniciativa busca equilibrar la balanza.
Esta cumbre es parte de una estrategia que lleva meses y que incluye la designación de varios grupos europeos de extrema izquierda como terroristas, con recompensas millonarias por información sobre ellos.
Esto es lo que necesitas saber: mientras Washington pone el ojo en la amenaza de la izquierda radical, la discusión sobre seguridad global se calienta y la influencia estadounidense en América Latina sigue firme. ¿Será esta la nueva forma de mantener el orden sin caer en excesos? El tiempo dirá.


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